En más de una ocasión todos hemos pensado aquello de “¡Qué bien me vendría relajarme!” Algunas personas deciden comprar libros sobre relajación, apuntarse a clases de yoga o planear un fin de semana en un spa, lejos de la rutina y las exigencias del día a día. Si preguntáramos a 50 personas “¿Qué es para ti estar relajado?”, seguro que nos responderían con 50 versiones diferentes, cada uno con su ideal del relax y la comodidad. Sin embargo, lo que todas sus respuestas tendrían en común es que buscan lo contrario a estar tenso, ansioso o estresado. Por eso, el objetivo de toda técnica de relajación debe ser disminuir las sensaciones corporales propias de la ansiedad.

Relajación y trastornos de ansiedad

Aunque en principio lo de relajarse suena bien, la relajación no siempre es recomendable cuando experimentamos ansiedad. De hecho, puede resultar contraproducente.
Si has leído otros de nuestros artículos sobre ansiedad puede que ya sepas cómo funciona. De todas formas, vamos a refrescar la memoria.
La ansiedad es un mecanismo que nos ayuda a enfrenarnos a situaciones peligrosas. Gracias a ella aumenta la tasa cardiaca, se activan los músculos, pensamos más rápido…para poder, por ejemplo, saltar a un lado y evitar que nos atropelle un coche.
Los problemas de ansiedad aparecen cuando este mecanismo falla y se pone en marcha cuando no es necesario, es decir, cuando no hay realmente ningún peligro. Esto les ocurre, por ejemplo, a personas con fobias (pájaros, insectos…). Su cerebro ha aprendido a temer a esos animales, a pesar de que no suponen una amenaza.
Sería lógico pensar que la relajación ayudaría a una persona con fobia a los pájaros: está ansiosa y la relajación rebajaría esa ansiedad. Resulta muy tentador aplicar aquí técnicas de relajación porque en el momento en que ve una paloma siente mucho malestar y quiere que esas sensaciones desaparezcan. No obstante, por muy lógico y tentador que sea la idea, debemos prescindir de la relajación.

¿Por qué no usar relajación en un trastorno de ansiedad?

Por una sencilla razón: nuestro amigo con fobia a las aves tiene que aprender por sí mismo que estos animales no suponen un peligro. Ha oído mil veces de boca de sus familiares y amigos lo de “¡Si no pasa nada!” e incluso han tocado a las palomas para que vea que son inofensivas, pero no ha servido para superar su miedo. Esto es porque tiene que experimentar él que “no pasa nada” a través de un proceso gradual en el que entra en contacto con el elemento que teme. El objetivo de la terapia consiste en reaprender: comprobar si existe ese peligro que creo que existe.
Lo que viene ocurriendo hasta ahora, es que nuestro protagonista no ha tenido la som teràpia ans y relajaciónocasión de hacer esta comprobación porque evita los parques donde sabe que hay palomas y, si pasa cerca de alguna, lo hace deprisa y siempre mirando de reojo por si se acerca alguna. En otras palabras, evita a las aves o, si no puede evitarlas, hace cosas para aliviar el malestar, es decir, para no pasarlo tan mal. A este tipo de cosas las llamamos conductas de seguridad.
Pero, ¿acaso no le iría bien a este muchacho relajarse cuando está cerca de las palomas? Reduciría las sensaciones tan molestas que provoca la ansiedad. Sin embargo, recomendándole relajación no le haríamos ningún favor, más bien al contrario.
Recordemos que queremos que se enfrente a las palomas, no a evitarlas ni a usar conductas de seguridad, como hacía hasta ahora. Enseñándole relajación, ¿no le enseñamos otra conducta de seguridad? Por lo tanto, no le ayudamos a superar su miedo, sino que le ponemos otra tirita. Otra más a todas las que ya ponía él. Si todos los “trucos” que ya ha utilizado no le han servido, ¿por qué le iba a servir este?
En conclusión, la idea que queremos transmitir es que la relajación no aporta nada, e incluso obstaculiza, la superación de los trastornos de ansiedad.