La adolescencia. Es nombrarla y muchos padres (sino todos) se echan a temblar. Ya no sirven los métodos de cuando eran niños y la autoridad de los progenitores parece mermada. Los padres dejan de ser superhéroes que nos enseñan, nos ayudan y nos protegen, a ser policías que nos vigilan, se entrometen y no se enteran de cómo funciona el mundo. Pero no desfallezcamos, lo que tenemos que hacer es adaptarnos nosotros también a esta nueva etapa que, aunque no lo parezca, tiene aspectos positivos y ¡termina en unos años!

El adolescente medio

No quiere que le trates como a un bebé ni que le controles. Ya es mayorcito, no te necesita y no sabes cómo funcionan las cosas ahora. Quiere estar a su aire y decidir por sí mismo. Pero aun no es autosuficiente y sus decisiones suponen, a menudo, no terminar sus tareas. Además, cuenta con un gran repertorio de excusas como Hoy no me han puesto deberes, No ha venido la de inglés o Me he dejado la libreta en clase, para lograr su objetivo: escaquearse y tener más tiempo para otras cosas como sumergirse en las redes sociales, comunicarse con los amigos y subir fotos para demostrar que su vida también es interesante.

Lo que no hay que hacer

Ante la ardua tarea de supervisar que tu hijo adolescente haga sus deberes, puedes perder la paciencia o verte tan impotente que acabes haciendo alguna de estas cosas:

  1. Hacer cosas por él. Acabarle un ejercicio, hacerle un esquema, pasarle a ordenador un trabajo… Cualquier cosa que sepa hacer la tiene que hacer él, porque si no, le damos mensajes de tipo No pasa nada, si no lo hago, siempre me quedará papá/mamá o Soy un inútil, no sé hacer nada solo. El objetivo es que acabe sus tareas, con faltas de ortografía o errores de cálculo, pero que las haga de forma autónoma, que se sienta capaz y que sepa que el único camino es hacerlo él mismo.

  2. Hacer de profesor. Un padre no es (ni debe comportarse como si lo fuera) un profesor. El objetivo es supervisar, no enseñar.

Cómo supervisar los deberes

En primer lugar, sentaos a hablar para llegar a un acuerdo sobre el plan de estudios. No impongas tu criterio, lo tendrás más difícil si pretendes que haga lo que tú quieres. Es más probable que cumpla con lo acordado si él participa en la toma de decisiones. Sé realista: analiza su horario, fíjate en las horas libres que le quedan teniendo en cuenta el tiempo que dedica a actividades extraescolares y tareas dentro de casa. Establece prioridades: si necesita más horas para estudiar porque sus notas son bajas, quizá tengas que reducir horas de otras actividades o eliminarlas por completo. Imagina a un adolescente de notas mediocres que acude a clases de judo, al conservatorio, a la academia de inglés y ensaya con la banda el fin de semana. Sus padres y él tendrán que plantearse seriamente a qué le dan más importancia y redistribuir su tiempo para incluir más horas de deberes y estudio.

Entre todos, pactad un horario de deberes/ estudio. Por ejemplo, dos horas al día de lunes a viernes de cinco a siete de la tarde. La tarea de los padres consistirá en supervisar que se cumpla este horario y que el adolescente está realmente haciendo los deberes y/o estudiando. Esto quiere decir que no puede cerrar la puerta de su habitación ni distraerse con otras actividades como mirar el móvil, ver vídeos en internet, comer algo o hablar con los amigos.

Este nuevo horario se aplicará independientemente de que tenga deberes o no. La idea es crear un hábito de estudio y evitar que nos venga con excusas para saltarse las horas de trabajo como Hoy no han puesto deberes o Matemáticas no toca hasta el miércoles, ya lo haré mañana. Si realmente no tiene deberes, aprovechará para hacer esquemas de cara a los exámenes, hacer más ejercicios de Present Perfect, empezar a estudiar Biología porque hay mucho temario, adelantar la lámina de Plástica o la lectura de Valencià.

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Es cierto que no podemos obligarle a hacer nada de esto, no podemos meternos en su cuerpo para que lea, escriba o memorice. Si se empeña en que va a estar las dos horas sin hacer nada, no le riñas, no le sigas el juego de la provocación, quiere que desistas, que te rindas y él pueda hacer lo que le dé la gana. Limítate a decirle que tiene dos horas por delante en las que no podrá hacer otra cosa más que estar sentado en su escritorio con sus libros delante. Cuando os vea firmes, que cumplís con lo pactado, no le quedará más remedio que aceptar esas horas de estudio y verá que así acaba los deberes, entrega los trabajos a tiempo y empieza a sacar mejores notas.

Una vez acabe el tiempo acordado de estudio, comprobarás que ha trabajado mirando sus libretas, su agenda, preguntándole lo que ha estudiado o revisando el trabajo en el ordenador. Cumplida su parte, no podemos pedirle un rato más u otra media hora. Los padres también tenéis que cumplir con vuestra parte. A partir de ahora, el tiempo es del adolescente y puede disponer de él. Además, le sirve de estímulo ya que, acabado el estudio recibe algo positivo: tiempo para él.

Por otra parte, no os relajéis con la supervisión que, al principio, es constante. Si nota que es la hora de estudiar pero nadie se ha dado cuenta o no comprobáis que haya trabajado, no hará nada, ¿para qué?

En conclusión, crear el hábito de estudio cuesta años, así que ¡empezad cuanto antes! Supone tiempo y esfuerzo para el adolescente, pero también para los padres. Sin embargo, no te rindas, estás invirtiendo en educación y en salud, ayudando a tu hijo a formarse, a ser autónomo, responsable, persistente y más tolerante a la frustración.