Tanto en el ámbito profesional como en el personal aparece a menudo esta duda: ¿cuáles son los síntomas de la depresión? ¿Cómo sabemos que una persona de nuestro alrededor sufre este trastorno del estado de ánimo? Pues bien, son tres los elementos en los que podemos fijarnos para determinar si esa persona, o nosotros mismos, necesita ayuda para superar su depresión. Esta tríada la componen los pensamientos negativos, las emociones negativas y los comportamientos orientados a la inactividad.

Los pensamientos negativos

Las personas deprimidas ven la realidad a través de un filtro de negatividad. Se centran en lo malo que les ocurre y, además, lo ven peor que una persona no deprimida. Esto quiere decir que su mente está plagada de pensamientos negativos acerca de sí mismos, de su vida y de su futuro. Si les oímos hablar, suele ser en formato de queja sobre el malestar que sienten, lo incapaces que son, el desastre que es su vida y la imposibilidad de cambiarlo. “Soy un inútil”, “Pensarán que soy estúpido porque no hago las cosas como antes”, “No hay salida, no mejoro”, “No tengo ganas de nada”, “¿Para qué voy a levantarme de la cama?”, “Estarían mejor sin mí, soy una carga”, “¿Por qué estoy tan mal?”, “Nunca volveré a se feliz”, “No puedo vivir sin…”, “Todo lo hago mal”, “No podré hacer…”, son sólo algunos de los ejemplos de pensamientos de una persona con depresión.

Además, estos pensamientos tienen una característica especial, y es que se dan en formato de bucle, un bombardeo de pensamientos casi continuo sobre lo inútil que soy, lo mal que me siento, lo mal que lo hago todo, la falta de ganas de hacer nada… La persona deprimida parece incapaz de frenar este torrente de pensamientos que se repiten una y otra vez e, inevitablemente, les lleva a sentirse cada vez peor.

Las emociones negativas

Del mismo modo que no es el avión el que provoca miedo, sino pensar “Se va a estrellar”, en el caso de la depresión son los pensamientos negativos anteriormente expuestos los que provocan las emociones negativas. No es que se me olvide algo de la compra cuando llego a casa, sino interpretarlo como “Soy un fracaso, no hago nada bien” lo que me lleva a sentirme mal.

Pero, ¿cuáles son estas emociones y cómo las nota en su cuerpo una persona deprimida? Como seguramente ya imaginarás, la reina de las emociones es la tristeza intensa, aunque también aparecen la ansiedad, la rabia, la frustración, la apatía o la culpa. 

Persona deprimidaLa persona con depresión se nota cansada, con dolor en una o varias partes del cuerpo (cabeza, espalda…), se queja de que su atención y su memoria están deterioradas (“Ni siquiera recuerdo…”, “No puedo ni leer cuatro líneas”), no tiene apetito y no percibe los sabores como antes, o tiene mucho más apetito que antes. Tampoco tiene ganas de mantener relaciones sexuales y su sueño también está trastocado, ya que, o bien duerme menos o más que antes y puede que le cueste conciliar el sueño, se despierte varias veces a lo largo de la noche o ambas. Como colofón, su capacidad para disfrutar está mermada, es decir, que ya no disfruta las cosas tanto como antes.

En cuanto a la ansiedad, puede notar taquicardia, opresión en el pecho o dificultad para respirar, sudor, calores, hormigueos, temblores, mareos, náureas…Podéis seguir leyendo sobre los síntomas de la ansiedad aquí.

El comportamiento depresivo

Además del llanto y las quejas, lo más evidente que observamos en la depresión es cómo, gradualmente, la persona deja de realizar actividades que disfrutaba, de su tiempo libre, e incluso llega a dejar de lado obligaciones. Se escuda en argumentos como que las hará cuando tenga ganas, que está demasiado cansado, que no podrá hacerlo o que no le ve el sentido porque piensa de antemano que no lo pasará bien.

Notamos cambios en sus hábitos de alimentación y de sueño, ya sea porque se han intensificado o reducido. Puede que coma menos cantidad, se salte comidas o que coma mayores cantidades y pique más de lo habitual. En cuanto al sueño, puede que dé muchas vueltas en la cama hasta conseguir dormirse o le oigamos dar vueltas a lo largo de la noche porque se despierta en múltiples ocasiones.

Como ha dejado de hacer casi todas las actividades que realizaba antes, es frecuente verle tumbado en la cama o en el sofá.