Desde pequeños aprendemos cosas tan importantes como atarnos los cordones, nadar, esperar nuestro turno o construir castillos con piezas de plástico. Y también aprendemos a comer. Aportar nutrientes a nuestro organismo para que pueda funcionar correctamente es una necesidad básica, pero hay algo más, la comida se ha convertido en algo más que un elemento de supervivencia: es un placer. Por ello, una onza de chocolate o un helado no están diseñados para evitar la inanición, sino para generar emociones positivas, como la alegría o la satisfacción, o bien para disipar emociones negativas, como la tristeza, el enfado o el aburrimiento.

Nuestro aprendizaje alimenticio comienza, como hemos dicho, en la infancia. Mi concepto de ración, mis ideas sobre nutrición y mis creencias en torno a la comida se fraguan en casa. Me acostumbraré a comer mucha o poca cantidad, a un ritmo rápido o lento, masticando más o menos y demás hábitos, según lo que vea en mi casa. Si desde que era niño como raciones grandes, mi cuerpo se acostumbrará a ellas y sólo se considerará saciado cuando coma cantidades considerables.

Por otra parte, es cierto que la genética también juega su papel. Algunas personas suman estos hábitos inadecuados a una tendencia a subir de peso. Afortunadamente, cuenta más un estilo de vida saludables que la carga biológica, así que no vale decir “No lo conseguiré, estoy condenado al sobrepeso”.

Más calorías saliendo que entrando

La clave del peso adecuado es ingerir las calorías que necesito teniendo en cuenta mi actividad física. Dicho de otro modo, comer lo que necesito y no más, siempre acompañado de ejercicio físico.

Mis aliados son: cantidades ajustadas a mis necesidades reales, alimentos saludables y deporte; de forma que la conclusión al final del día sea “He comido tanto como energía he gastado”. En el caso de querer rebajar peso, tendré que comer menos que la energía que gasto.

Cambiando hábitos

articulo_comer2¿Cómo consigo comer menos? ¿Cómo dejar de picar entre horas? ¿Cómo evitar sucumbir a la tentación de ese brownie o esas patatas fritas? Antes de nada, fíjate en cómo comes. El ritmo, la cantidad que pones en el plato, si empiezas a comer antes de sentarte a la mesa, cuánto masticas, el tamaño de las porciones que te llevas a la boca…Todo. Coge una lupa y desmenuza todo el proceso.

A continuación, mejora aquellos aspectos en los que flojeas. Mastica más, sírvete lo justo, corta trozos más pequeños, no compres o camufla aquello que picas con facilidad, no veas la televisión o leas mientras comes…

Cambiando creencias

Modificar la forma en que comemos es crucial, sin embargo, también es necesario preguntarnos qué pensamos acerca de la comida y todo lo relacionado con ella. ¿Me sirve para quitarme las penas? ¿Me alegra el día? Como hemos dicho al comienzo, la comida puede llegar a usarse como una herramienta para sentirse mejor. ¡Cuidado con esto! Mis hobbies, mis amigos e incluso mi trabajo tienen la función de hacerme sentir capaz, querido y satisfecho conmigo mismo. En ningún caso pueden reemplazarse por la comida (¡que NO es un hobby!).

Tampoco en el caso de las emociones negativas es aceptable usar la comida. Cuando tengo un problema y me siento mal, actuaré para solucionarlo. No puedo taparlo con comida, pues no desaparecerá y, además, le añado el problema de una alimentación deficiente.

Además de estas creencias sobre “lo maravillosa que es la comida”, las personas que quieren bajar de peso y no lo consiguen tienen, a menudo, otro tipo de pensamientos como “No lo lograré”, “Si las otras dietas no funcionaron, esta tampoco”, “Total, por un trozo”, “Hoy ya me he saltado la dieta, así que comeré lo que quiera el resto del día”. Estos pensamientos lo ponen difícil a la hora de seguir unas pautas de alimentación. Resulta muy útil analizarlos para ver qué verdad hay detrás y que dejen de obstaculizar nuestro camino hacia una vida más saludable.

Apuntes finales

En definitiva, tanto las personas que desean o deben bajar de peso como aquellas que quieren alimentarse de forma saludable, tendrán que mejorar sus nociones sobre nutrición, sus hábitos de alimentación y las creencias acerca de lo que significa comer y su relación con esta conducta.