La tristeza, la alegría o el enfado son algunas de las emociones que sentimos cuando nos ocurren determinadas cosas. Por ejemplo, me pongo triste cuando veo a alguien pasándolo mal o estoy ansioso porque tengo mucho trabajo acumulado.
Pero, ¿esto es realmente así? ¿Todos los estudiantes se ponen igual de nerviosos ante un examen? Seguro que te vienen a la cabeza varias personas que reaccionan de forma distinta ante un examen. O ante una entrevista de trabajo. Entonces, si la situación es la misma para todos, ¿por qué cada uno siente una emoción diferente?

Distintas emociones para una misma situación

Pensemos en tres amigos que acuden a una fiesta de cumpleaños. Paula está encantada y siente una alegría tremenda, Nacho, por su parte, está enfadado, mientras que Miriam se siente triste. Paula, como está alegre, compra un regalo y acude la primera a la fiesta. Nacho no compra nada y pone mala cara toda la noche. Miriam casi no habla y acaba llorando en brazos de la cumpleañera. Como vemos, según la emoción que sentimos actuamos de una manera o de otra. Pero, si la situación es la misma para los tres amigos, ¿por qué cada uno siente una emoción distinta? Porque son personas diferentes que piensan cosassom teràpia pensamientos diferentes respecto a la fiesta.
En cuanto se entera de la fiesta, Paula piensa que será genial volver a ver a los amigos y que seguro que Miguel canta en el karaoke, lo que garantiza muchas risas. Por eso, ella se pone contenta y llega la primera para no perderse nada. Por otro lado, Nacho no puede creer que hayan invitado a Víctor, ese pesado que tiene que ser el centro de atención y que acaba metiéndose con él. Y Miriam piensa que será duro ver a Víctor con su nueva novia, cuando hace sólo cuatro meses que lo dejaron.

Pensamiento, emoción, acción

En conclusión, es lo que pensamos sobre algo lo que nos hace estar tristes, frustrados, entusiasmados, enfadados, alegres… Es la forma en que procesamos una situación lo que provoca una emoción u otra. Por lo tanto, no es la fiesta en sí lo que le provoca tristeza a Miriam, porque, si así fuera, Nacho y Paula también estarían tristes.
Resumiendo, lo que pensamos sobre algo determina nuestros sentimientos y, estos, a su vez, determinan nuestras acciones. Si pienso que una situación es peligrosa, sentiré miedo y saldré corriendo.

Cambiando pensamientos

Todos recordaremos cosas que creíamos firmemente cuando éramos niños que resultaron no ser ciertas. O ideas políticas que apoyábamos de adolescentes con las que ya no estamos de acuerdo. Todo ello muestra cómo nuestras creencias varían, cómo nuestra forma de interpretar las cosas puede cambiar y, de hecho, cambia.
Desde la psicología utilizamos este hecho en beneficio propio. ¿Por qué no cambiar los pensamientos que nos hacen daño por otros más saludables? Si pudiera ir a una entrevista de trabajo pensando “Lo tengo preparado y lo haré lo mejor posible” en lugar de “Seguro que digo algo mal y pensará que soy un bobo”, ¿no sería mejor?
Hay momentos en los que nos vienen a la cabeza pensamientos que nos ponen ansiosos o melancólicos. Como consecuencia, lo que hacemos no nos sale tan bien como queríamos o de la forma que teníamos previsto. Podemos decir que los pensamientos a veces nos ponen trabas para conseguir nuestro objetivo.
Lo que proponemos es una forma de analizar los pensamientos para saber si merece la pena que sigan ahí o si es preferible cambiarlos por otros más saludables. Los psicólogos enseñamos a discutir de una forma objetiva los pensamientos que provocan malestar. Si el pensamiento no supera esta prueba, significa que nos hace daño y se sustituye por otro que se ajusta más a la realidad. Este proceso, que al inicio dirige el psicólogo, se va interiorizando hasta que se convierte en una herramienta más al servicio del bienestar emocional.