Seguro que conoces al alguien que tiene “manías”. De hecho, seguro que tenemos unas cuantas nosotros mismos. Cuando decimos manías nos referimos a eso que hacemos para asegurarnos de que “he cerrado bien el coche”, “lo llevo todo en el bolso” o “las cosas están colocadas como toca”. En definitiva, cualquier cosa que hacemos para comprobar que algo está como queremos en cuanto al orden , por ejemplo, la ropa en el armario, o la seguridad, como mirar que el gas está apagado.
En ocasiones, estos hábitos pueden resultar molestos para las personas que nos rodean. Por ejemplo, puede que a mi pareja le incomode que salga de la cama tres veces para asegurarme de que la puerta de casa está cerrada con llave. Sin embargo, estos comportamientos suelen quedar en esas peculiaridades que nos hacen ser quienes somos. Cada uno tiene las suyas y las toleramos la mayor parte del tiempo.

Cuando las manías se convierten en un problema

Estas “manías” se convierten en un verdadero problema cuando ocurren con mucha frecuencia y ocupan una parte importante del tiempo, ya que limitan el resto de áreas de la vida como el trabajo, el ocio, la familia…
Imagina que una persona invierte dos horas en elegir la ropa que va a llevar ese día y se la pone cuidadosamente siguiendo un orden determinado. Si se equivoca, volverá a empezar desde cero. Para hacer esto tendrá que madrugar bastante y perderá horas de sueño. Ahora piensa en alguien que revisa todas las noches el cubo de la basura, pieza a pieza, para asegurarse de que no tira nada que pueda serle útil. Esta persona está renunciando a un tiempo que podría dedicar a su pareja, a sus hijos, o a sí misma, leyendo un buen libro, viendo una serie, haciendo deporte…

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)

El TOC es un trastorno de ansiedad, como otros tantos. Lo que le ocurre a una persona con TOC es que ha aprendido a reducir su ansiedad mediante ciertas conductas, a las que llamamos conductas rituales. Pensar que puedo enfermar a causa de las bacterias hace que se dispare mi ansiedad, así que me lavo las manos cuatro veces de una forma especial para que disminuya mi malestar. Es por esto por lo que estas personas siguen haciendo sus conductas rituales a pesar del tiempo y el esfuerzo que implican. Desafortunadamente, son estas conductas las que impiden superar el problema, por lo que, lavándome cuatro veces las manos, reduzco la ansiedad a corto plazo pero perpetúo el problema.

Soluciones

Tu psicólogo (¡esperamos ser nosotros!) te enseñará a hacer frente a la intensa ansiedad sin utilizar tus conductas rituales, de una forma más saludable. El objetivo es que dejes de necesitarlas y puedas seguir con tu rutina diaria sin que la interrumpa un repentino deseo de lavarte a conciencia, ordenar la habitación, limpiar la mesa, pensar una frase 10 veces…o sea cual sea tu ritual.
En conclusión, queremos que vuelvas a ser dueño de tu vida y dediques tu tiempo a lo que de verdad te importa: tú y los tuyos.