No son pocos los casos que nos encontramos en consulta relacionados con rupturas sentimentales recientes. Poner fin a una relación de pareja es un evento estresante para cualquier persona, ya que supone una serie de cambios a los que tendremos que adaptarnos. Es frecuente sentir tristeza por la pérdida, rabia por la forma en que se ha gestionado la ruptura o el motivo de la misma, frustración por tener la sensación de haber podido hacer más por salvar la relación y sentimientos ambivalentes hacia el otro miembro de la pareja que pueden variar por momentos y abarcan desde echarle de menos hasta el odio.

Recomendaciones tras la ruptura

La mayoría de personas pasan unas semanas duras hasta que se recuperan totalmente de la ruptura sin ningún tipo de ayuda profesional. Ya hemos dicho en otros artículos que los humanos somos resistentes y solemos contar con los recursos para superar dificultades. Y, ¿cuáles son estos recursos que nos van ayudar a superar lo antes posible la ruptura? Aquí van unas recomendaciones:

Aclarar cuanto antes que sí es una ruptura. Albergar esperanzas de volver con la pareja dificulta enormemente la recuperación, ya que, en lugar de avanzar hacia la nueva situación, nos deja estancados en una “tierra de nadie” en la que no puedo asimilar que ya no estoy con esa persona.

La anterior pareja no es la persona indicada para ayudarme a superar la ruptura. Las personas que se apoyan en la pareja con la que acaban de finalizar la relación no están adaptándose a la nueva situación, sino que siguen solucionando los problemas como antes, como cuando esa persona era su pareja. No es buena idea charlar o quedar con la anterior pareja para ayudarnos mutuamente. Incluso cuando hay buena voluntad por parte de ambos, suele haber malentendidos y no están definidos los papeles de cada uno (¿Cómo me comporto ahora que ya no es mi pareja?, ¿Estaría bien si le planteara…?; ¿Le molestará si le digo…?). Tengo que aprender a buscar esa ayuda en otras personas (familia, amigos).No contactar tras la ruptura

No busques información sobre la persona con la que acabas de romper. Esto quiere decir que no preguntes a amistades comunes cómo está o qué hace, que no busques en redes sociales ni mantengas conversaciones por Whatsapp o similar, que no te pases por su trabajo o esa cafetería a la que suele ir. ¿Por qué? Porque suele ocurrir que, por ejemplo, al ver una foto suya en Instagram empieces a deducir cosas sin pruebas que generan mucho malestar o que te den esperanzas por un segundo para luego venirse abajo (¿Estará con ese/esa?, ¡Qué bien le va!, Con lo mal que lo paso yo y él/ella parece no sufrir nada, Si le ha dado a “Me gusta” será por algo…).

Reestructura tu rutina. La ruptura conlleva cambios en el día a día que tendrás que reestructurar. Estos cambios pueden incluir un cambio de casa, de reparto de tareas del hogar y/o gestiones fuera de casa, cambios en el ocio, en las relaciones sociales… No dejes de hacer actividades porque antes las hacías con la pareja, sigue haciéndolas o, si no es posible, realiza los cambios necesarios. Por ejemplo, quizá ya no practiques el mismo deporte, pero practicas deporte, puede que ya no vayas con el mismo grupo de amigos, pero sigues saliendo. También es una buena oportunidad para preguntarte a tí mismo qué te apetece hacer, para probar nuevas actividades.

El objetivo de estas tácticas es aceptar cuanto antes la nueva situación: acepto que es una ruptura y actúo como tal.

Cuándo buscar ayuda profesional

En el momento en que tú mismo o las personas de tu entorno notan que no hay una remontada. Si tu estado de ánimo no mejora, si has dejado de hacer cosas que te gustan, si te han sobrepasado los cambios, si te pasas el día recordando momentos de la relación, si no eres capaz de dejar ir a la otra persona (miro su Facebook todos los días, paso por delante de su casa, llamo a un amigo común para preguntarle como quien no quiere la cosa…) y no puedes, poco a poco, reestructurar tu vida, entonces, busca ayuda.