Cuando pensamos en el término “obsesión” suelen venirnos a la cabeza escenas de películas o series en las que los personajes pasan un tiempo exagerado limpiando, sienten la necesidad de ordenar cada habitación de acuerdo con su lógica particular o parece que llevan a cabo alguna clase de juego en el que no pueden pisar rayas, su ropa solo puede ser de determinados colores, tienen que tocar objetos cierto número de veces, entre otros muchos ejemplos.

Algunas obsesiones generan tanta ansiedad que la persona acaba cediendo al impulso de realizar determinadas conductas. Puede ser visibles, como las mencionadas en el párrafo anterior, pero también pueden ser mentales y, por lo tanto, no observables para los demás. Esto quiere decir que puede tratarse de repetir mentalmente una frase, una imagen o reflexionar sobre algo tratando de encontrar respuestas o soluciones.

Las obsesiones y lo que hacemos con ellas

Dependiendo de aquello que me preocupe, haré unas cosas u otras para no sentirme tan mal, aunque no soluciona el problema, porque volverá a aparecer la obsesión y volveré a hacer lo mismo.

Veamos un listado con las diferentes obsesiones y lo que nos llevan a hacer:

  • Miedo a contagiarme, ensuciarme: lavarme, limpiar. Es decir, lavar ciertas partes del cuerpo o todo entero, objetos que se creen contaminados o sucios e incluso pedir a otras personas que se laven.

  • No soportar el desorden: ordenar. Por colores, formas… En definitiva, siguiendo un patrón personal.Obsesión con el orden

  • Preocupación por hacer algo de forma perfecta: hacerlo lentamente de forma muy consciente, siguiendo unos pasos concretos con los que se alcanza la forma ideal de realizar esa tarea (por ejempo, vestirse) y, en caso de error, se vuelve a empezar.

  • Temor a una catástrofe: comprobar el funcionamiento, que las cosas están como deben, repetir acciones o pensamientos. La catástrofe a la que hacemos referencia puede ser un robo, problemas en el trabajo o con la pareja, la muerte de un ser querido…

  • Dudas transcendentales o cotidianas: reflexionar pretendiendo llegar a una conclusión. Bien pueden ser dudas de tinte filosófico (¿Qué sentido tiene la vida?, ¿Por qué estamos aquí?) o bien sobre temas cotidianos (¿Estoy con la persona correcta?, ¿Es el trabajo que realmente quiero?).

  • Dudas sobre la relación de pareja: analizar acciones, pensamientos y emociones respecto a la pareja (¿Lo quie siento es amor?, He pensado que ese tío es atractivo, ¿será que no quiero a mi pareja?, ¿No debería estar más excitado?).

  • Miedo a la infidelidad: buscar pruebas de la misma (marcas en el cuerpo o en la ropa, mirar su móvil, llamarle para comprobar si está donde dice, aparecer en su trabajo sin previo aviso…).

  • Temor a hacer daño a alguien o a uno mismo: evitar situaciones y objetos que se creen peligrosos (cuchillos, estar a solas con alguien…).

  • Preocupación por la simetría del cuerpo: analizar y comparar el propio cuerpo.

  • Miedo a deshacerse de algo valioso: acumular objetos, revisar la basura antes de tirarla.

  • Miedo a imágenes obscenas: evitar pensarlas y cambiarlas por otras positivas (por ejemplo, imaginarse manteniendo relaciones sexuales con un pariente).

¿Te sientes identificado con alguna de estas preocupaciones? Si es así e inviertes mucho tiempo y esfuerzo en ella hasta el punto de que te genera malestar emocional y parece que esta preocupación rige tu vida, no dudes en contactar con nuestro equipo.