La familia es una fuente de alegrías, diversión, apoyo, pero también plantea dificultades. Empezando por las necesidades básicas de nuestros hijos (comida, ropa, escolarización…) y siguiendo con la responsabilidad de inculcarles valores como la tolerancia, la cooperación o el respeto a los demás. Y esto lo hacemos al mismo tiempo que fregamos los platos, preparamos la comida, tendemos la ropa, nos ponemos de acuerdo con nuestra pareja sobre el tipo de educación que queremos para nuestros hijos y, posiblemente, acudimos a un trabajo fuera de nuestro hogar.
La conciliación entre trabajo y familia es un tema candente desde hace años porque es todo un reto. No es inusual que los padres se sientan culpables porque creen que no dedican el tiempo suficiente a sus hijos. Les gustaría jugar más con ellos, tener más tiempo para hablar. Por otra parte, un trabajo remunerado también tiene su parte positiva: más recursos para la economía familiar y satisfacción personal. La parte positiva afecta también a los hijos, que se vuelven más autosuficientes. Aprenden a organizarse y son más responsables.

Trabajo dentro de casa

Hasta hace unas décadas, las tareas domésticas y de crianza de los hijos recaían sobre la mujer. Actualmente, el reparto de las tareas del hogar va siendo cada vez más equilibrado y no sólo entre los adultos, también entre los hijos. Porque haciéndoles todas las tareas no les dejamos aprender. Por eso, es recomendable que tengan sus propias tareas asignadas desde que son pequeños, siempre y cuando la tarea sea adecuada para su edad. Pero siempre hay algo que pueden hacer, por ejemplo, llevar su plato al fregadero.
Decimos “desde pequeños” porque cuanto más tardemos en pedir su colaboración, más nos costará conseguirla, ya que estaremos pidiendo algo que no le hemos pedido nunca. ¡Ah, y paciencia! No lo harán perfecto a la primera, pero si han hecho la tarea merecen nuestro reconocimiento.
No solo ayudan en casa, sino que aprenden a trabajar en equipo, a colaborar con otros. Así, se percatan del esfuerzo que implica fregar los platos, quitar el polvo u ordenar los armarios. También ganan autoconfianza porque se sienten capaces y los adultos reconocen su trabajo. Forman parte de un grupo que le valora y en el que se trabaja por el bienestar de todos: su familia.

Comunicación para conseguir que participen

Quiero que mis hijos colaboren en casa pero, ¿cómo lo hago? Hablando con ellos.som terapia trabajo hijos 2 Mediante la comunicación negociaremos con ellos qué tareas harán, en qué consisten esas tareas y cuándo tienen que hacerlas. ¡Ojo! Hablar de forma serena y sin imponer. No vamos a reñirles, vamos a hablar de qué tareas hay que hacer y quién se encargará de cada una, teniendo en cuenta la edad, las habilidades, los horarios.
Una parte vital de la comunicación es escuchar a los demás. Cuando nuestros hijos quieren contarnos algo les escuchamos, estemos o no de acuerdo con ello. Primero escuchamos qué le ha ocurrido y cómo se siente al respecto. Puede que en el reparto de tareas tenga algún problema con alguna o no sepa muy bien cómo llevarla a cabo. Escuchamos y luego solucionamos el problema, bien cambiando de tarea, acotándola o bajando la frecuencia.
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